Cuando tocan las campanas a muerto,

No es por el muerto, sino porque estés despierto,

Que será por ti mañana.

Francisco Santos.

 

Ayer en medio de una conversación, me sorprendió escuchar que una señora, al ser cuestionada sobre que pensaba sobre la muerte, se limitó a decir que ella era una persona positiva y por lo tanto no hablaba de muerte.  ¿Acaso la muerte es algo negativo?  Pensé entonces.

Valdría la pena quitar a la muerte el velo que le ha cubierto de negativismo ante los ojos de muchos y empezarla a ver como lo que es, un evento natural en nuestra vida.  Tan natural como lo es el nacer y tan seguro como la vida misma.  Al fin de cuentas que para morir, lo único necesario es estar vivo.

Entonces, ¿Por qué temerle tanto? ¿Por qué no hablar de eso? ¿Será que no queremos morir o que la idea de que muera alguien a quien amamos nos atormenta? O ¿será tan solo que el desconocer que le sigue es lo que nos preocupa y aterra?

Lo curioso es que al temerle tanto le hemos convertido en una entidad con personalidad y hasta le hemos dotado de rostro y cuerpo.  Hay miles de imágenes que la representan como una mujer vestida de negro, una calavera con un haz a mano o bien un ángel negro, siempre asechando, siempre aguardando el momento de cortar nuestro último aliento de vida. Sentada junto a la cama de un enfermo, o riéndose de nuestra ingenuidad al sentirnos inmortales.  Podemos reírnos de “ella”, hacer bromas sobre “ella”, cantar canciones que hablen de “ella” y hasta convertirla en una “fe”.  No importa.  Al final “ella” sínica y sonriente cortará la vida.

Que diferente sería nuestra concepción si en lugar de esa temible imagen hubiéramos vestido a la muerte de blanco y le hubiésemos dado una sonrisa dulce.  Si le pensáramos como una guía que nos conduce por un nuevo camino con una lámpara a la mano para hacer más fácil nuestro paso, seguramente entonces no le temeríamos tanto.  Pero años de verla en esas imágenes de miedo hacen que hoy pensemos que no hablar de la muerte resulte positivo.

Pero reflexionemos un poco en las palabras de André Malraux, “La muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida.” Cuando te haces consiente de la muerte, cuando entiendes que está presente como una posibilidad en la vida, que puede pasar hoy, en este momento y sin previo aviso, entonces es que dejas de temerle  y vives el instante con la pasión que merece la vida.  Aprendes a estar presente, a disfrutar de todo y de todos.  Aprendes a reír y a llorar con más ganas.  Vives, Celebras la Vida.

Yo creo que hay algo más allá de la muerte, otra forma de vida.  Más incluso si no existiese nada a donde ir, cuando llegue la muerte a mi puerta,  se que la gran experiencia de esta vida habrá valido la pena. 

Me gusta mucho una frase de Leonardo da Vinci, “Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte”.  Vivamos entonces, ¡Vivamos! Hagamos de cada momento un momento digno de recordarse.  Demos todo de nosotros, ayudemos a otros, amemos con fuerza, trabajemos con entusiasmo, produzcamos bienes y sonrisas.  No le temamos a la muerte, temámosle a no vivir.

 La muerte es tan solo un paso más en nuestra vida.